Consume y Muere
04.10.2011 ·
“Cómprenles azúcar. En grandes cantidades, porque les encanta. Nos les cobrarán por pasar la noche con ellos, pero esperan regalos. Y los dulces son lo mejor para abrir la puerta de una comunidad himba”. Nos lo dijo en un viaje a Namibia un guía que se encargaba de organizar excursiones previo pago generoso a poblados tradicionales de este pueblo, famoso por la bella planta de sus gentes y la arcilla roja que cubre el cuerpo de sus mujeres. Hoy, muchas de ellas abandonan sus casas para ir a ejercer la prostitución a la ciudad de Opuwo, lo que ha contribuido a la propagación del Sida, que se extiende a gran velocidad, ya que la poligamia es la norma entre ellos. Desde que descubrí en este viaje la delicada línea que separa el interés antropológico legítimo del viajero moderno del safari humano, siempre me ha angustiado saber cómo trazarla.
Coincidiendo con la celebración del Día Mundial del Turismo, la organización Survival International, que lucha por defender la supervivencia y dignidad de los pueblos indígenas del mundo, ha denunciado abusos cometidos contra una mujer indígena en la isla Andamán de la India. Un archipiélago en el que hasta 1998, muchos de sus pobladores autóctonos no habían tenido más que contactos ocasionales con el hombre blanco. Es la prueba más palpable de unas malas prácticas cada vez más extendidas. Ahora muchos touroperadores les tiran galletas desde los coches para llamar su atención, atraen a los niños como si fueran animales ofreciéndoles alimentos que rompen su dieta tradicional. Todo para que turistas occidentales puedan fotografiar una forma de vida distinta, pero de la que aprenden poco.
Es probable que tampoco sepan muchos sobre los bosquimanos y sus problemas, los turistas que se alojan en el Kalahari Plains Camp, en Bostsuana. No deben de estar enterados de que el hotel, con piscina y todo tipo de comodidades, se ha construido sobre una tierra de la que se ha despojado a sus pobladores ancestrales. Los bosquimanos no pueden ahora cazar en esta reserva, ni han sido consultados sobre la cesión de este terreno y, además, tuvieron que superar un largo proceso legal para poder utilizar el agua de un pozo local.
De Bostsuana a Papúa Nueva Guinea, el lema turístico “todo gracias a los indígenas, pero sin contar con los indígenas” florece. Una norma es básica para evitar el intrusismo, según coinciden Survival International y el Programa de Defensa de los Pueblos Indígenas, entre otras organizaciones y activistas. Si una excursión o expedición se publicita diciendo que descubrirá pueblos que no han sido contactados y es cierto, entonces, contratar este viaje resulta una temeridad. Deben ser los propios indígenas los que favorezcan, alienten y consientan este tipo de relación, para la que además deben estar preparados. Aunque parezca increíble al profano, hay multitud de comunidades en el mundo a las que, en pleno siglo XXI, puede diezmar el entre nosotros inofensivo virus de la gripe.
No hay que desesperar, sin embargo, porque el turismo responsable y antropológico a la vez está cada vez más desarrollado. Un buen ejemplo son las excursiones para conocer el día a día de los hadzabe, unos cazadores-recolectores que viven en el Norte de Tanzania y que tienen también su futuro amenazado, pero a los que puedes ayudar con tu visita. Gracias a la iniciativa de Wayo África, se puede pasar un día acompañándoles en una jornada de caza o en la recolección de los tubérculos que componen su dieta. Los beneficios se reinvierten en la conservación de su modo de vida tan ancestral como frágil.
Gracias al proyecto “Picnic with the Penan” , en Malasia, se puede conocer también la forma de vida de estos indígenas, que son precisamente los que gestionan la iniciativa y sus beneficios. Uno de los aspectos más atrayentes es que, en su compañía, se puede recorrer la selva y sus secretos con la seguridad de no estar dañándola.
Lo mismo pasa con el Amazonas, tan sobreexplotado turísticamente en algunos puntos que hasta pensar en poner un pie en él da cargo de conciencia. El Lodge Ecológico Kawapi brinda la oportunidad de descubrir la cuenca amazónica occidental, en Ecuador, que sirve de hogar al pueblo indígena achuar. Las cabañas están pensadas para integrarse lo más sutilmente posible en el entorno y se encuentran en el corazón de un territorio en el que viven 64 comunidades indígenas celosas de su cultura.
Y para terminar, un lugar en el que la visita desborda ya los terrenos del turismo convencional para entrar en el puro compromiso solidario. Ubicado en el desierto del Kalahari, cerca del pueblo de D’Kar, en Bostsuana, está Dqae Qare, un terreno de más de siete mil hectáreas dedicado a la cría de animales salvajes. Es una rareza en este territorio porque pertenece a los propios bosquimanos, que usan los ingresos para luchar por unas tradiciones ya desaparecidas en muchas zonas de Bostsuana, Sudáfrica, Namibia o Angola. En un pueblo en el que la esclavitud, el alcoholismo, el desarraigo y hasta el hambre se han convertido en las grandes lacras, iniciativas como ésta permiten un cierto respiro.








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Qué pregunta tan pertinente. A menudo no se sabe si es casi peor que haya turistas.
Hace poco estaba en la jungla en el norte de Camboya, con unos amigos, y habíamos ido a inspeccionar la zona, sin agencia ni nada, de por libre. Nos encontramos a unos niños de una tribu indígena bañándose en una charca. Nosotros estábamos inspeccionando el paisaje sin tampoco hacerles demasiado caso y de repente nos dimos cuenta de que estaban llorando y gritando como posesos. Resulta que uno de mis amigos tenía barba, algo que ellos asocian al demonio (los camboyanos prácticamente no tiene pelo facial) y estaban aterrorizados de vernos.
Algunos meses antes, en Laos, fuí a ver un pueblo indígena. Esta vez sí que fue con una agencia de viajes, ya que iba con mi familia. El pueblo estaba muy bien cuidado y había como una docena de supuestos indígenas allí que te deleitaban con sus instrumentos o les veías tejer pañuelos, entre otros. Le pregunté a un responsable que cuánta gente vivía en el pueblo. Me dijo: “Nadie. Estos se van a la ciudad principal cuando esto cierra”. Por supuesto, de normal no llevan las ropas indígenas ni tocan instrumentos raros. Probablemente muchos de ellos ni eran indígenas. Era simplemente un circo humano.
Ambas experiencias me demostraron que sin duda están mejor sin que vayamos a verlos.
Por otra parte, el link de Picnic with the Penan no funciona
.
Gracias, Laura. Me parece muy interesante lo que cuentas. A veces uno se pregunta qué pinta en determinados sitios, ¿verdad? Sobre todo si tu intención que tus viajes sirvan para hacer un bien. Voy a arreglar el link. Gracias!
La linea roja para mi esta muy clara, mas de dos son multitud. Hasta para tomarse una cerveza.
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Es un tema importante. Una cosa es el turismo, otra cosa es viajar y, o sorpresa, otra tercera muy distinta es viajar dejando una huella además de observar zoológicos humanos.
Desde hace 6 años estoy viajando por el mundo en autostop con la puntual tarea de documentar zonas no turísticas (incluso aveces dentro de naciones turísticas). Ahora mismo estamos en una especie de favella en Cali. Con mi compañera Laura -también motor de este proyecto- damos carlas educativas en escuelas y comunidades, y documentamos problemáticas socio-ambientales.
Desde hace poco, empezamos además a efectuar donaciones a comunidades puntuales, previamente consensuadas con los líderes comunitarios. Se trata de aprovechar las miles de personas que siguen el proyecto por las redes sociales para micro-financiar, por ejemplo, una computadora para una comunidad Shuar en Amazonia.
Los que quieran echar un vistazo a nuestro blog, aquí va:
http://acrobatadelcamino.blogspot.com/
buenos caminos,
Juan y Lau
Acróbatas del Camino
La línea que divide lo coherente de lo inhumano es muy delgada. Muy a menudo las buenas intenciones no bastan para hacer las cosas bien, y el turismo no es ajeno en este sentido.
El turismo puede ser un motor de desarrollo, mi respuesta es que si, pero que la planificación del modelo turistico el lugar tiene que ser consecuente con la población local y con la “explotación” turística que se quiere hacer del lugar.
Es imprescindible encontrar el equilibrio y que el beneficio revierta en la comunidad y en la potenciación de las actividades que han llevado haciendo desde siglos, para ello debe haber un consenso entre los diferentes agentes, y cuando hay dinero de por medio la cosa se complica.
Espero que no se crucifique al turismo como actividad, ya que en mi opinión no tiene la culpa, sino los que se encargan de gestionarlo.
Felicidades por el artículo.
Una vez leí un libro que no recuerdo el nombre pero trataba sobre los angeles negros. Los ángeles negros son niños que nacen en el seno de comunidades deterioradas y marginadas en favelas en algún punto del Brasil. Como no existe una cultura de protección sexual, las mujeres dan a luz a muchos niños y que después se hace díficil la manuntanción de la totalidad de la familia así que ellas en un intento de supervivencia económica y emocional dejan morir a algunos, es decir, dejan de alimentarles y cuidarles y el niño va muriendo lentamente. Ellas se engañan pensando que sólo sobrevive el más fuerte y es cosa de la vida que se lo lleve pues está enfermo. Esto lo cuenta una antropóloga cultural que vivió con ellos un tiempo. Cuenta esto y además todo el sufrimiento por el pasó para respetar su postura como una mera testigo de una manera de vivir. No entrometerse y ser testigo. Creo que aún hoy me faltaría madurez para actuar como testigo.