Consume y Muere

Carteles promoviendo el 'Día sin compras' en la Alameda de Hércules (Sevilla)

Carteles promoviendo el 'Día sin compras' en la Alameda de Hércules (Sevilla)

Esta semana promete ser movidita. Se celebra la séptima huelga general desde que recuperamos el régimen parlamentario, la primera que vive el gobierno de Zapatero. A estas alturas ya habréis decidido si os unís a la protesta o no, por las razones que tengáis a bien compartir. Sin embargo, además de acudir o no a nuestro puesto de trabajo, existen otras maneras de apoyar la protesta contra la reforma laboral del gobierno. Por ejemplo, difundiendo las consignas sindicales a través de las redes sociales.

Otra manera, mucho más relacionada con la temática de este blog, es participando en el ‘día sin compras’ que ha propuesto Facua para el miércoles. Se trata, a grandes rasgos, de ejercer el derecho más grande tiene un consumidor: el de decidir no consumir nada durante un día para influir con su conducta en los resultados económicos de las empresas y en la recaudación de impuestos relacionados con el consumo. Y eso, en una economía de mercado que tiene su fundamento en el consumo de productos y servicios por los ciudadanos, es un gran poder. El manifiesto publicado por Facua en su web ofrece todas las razones que apoyan a esta medida: “El consumismo parece seguir siendo el único valor y motor de nuestra economía, y la desregulación de determinados sectores estratégicos en pro del mercado puro y duro y en detrimento del ciudadano siguen siendo fines en sí mismos”, opina la organización en su web.

El ‘día sin compras’ no es un invento original de esta organización de consumidores con sede en Sevilla. De hecho, hace mucho tiempo que se ha venido celebrando en diversos lugares del mundo más desarrollado. Según la versión inglesa de la Wikipedia, el ‘Día sin comprar nada’ (Buy Nothing Day) es una idea que nació en Vancouver (Canadá) hace dieciocho años “para que la sociedad reflexionara sobre el consumismo excesivo”. En Norteamérica se celebra desde entonces el día siguiente al de Acción de Gracias, la fiesta familiar más tradicional en aquellos países que tiene lugar el cuarto jueves del mes de noviembre. El día siguiente, apodado ‘Black Friday‘, gran parte de la población está de puente y aprovecha para empezar a comprar los regalos de navidad. En las últimas dos décadas, la magnitud del fenómeno consumista ha ido superándose año tras año. Más gente, más compras, más irracionales. Comprar por comprar, porque sí, porque toca. Sobre todo en época de crisis.

Ese preciso principio motivó hace dos años unas palabras de José Luis Rodríguez Zapatero, recién elegido secretario general de su partido por tercera vez. En el vídeo que veis sobre estas líneas —que conocí hace semanas en el magnífico blog de mi vecino David Martos—, el máximo responsable del PSOE agradece el apoyo a sus compañeros y termina con una frase que expresa, en pocas palabras, su opinión acerca del modelo económico en el que vivimos y del que él participa: “Conviene que consumáis”, dice justo al final a modo de receta para acabar con todos los males. Que el sistema hace aguas precisamente por el consumo sin medida, pues a consumir más. En latín se dice “similia similibus curantur”. Lo similar se cura con lo similar. Es, sí, el principio que guía la tan cuestionada homeopatía.

Frente a estas opiniones, las de los ciudadanos críticos con el sistema de consumo que nos acoge y que nos hemos dado entre todos. Para Facua, un día sin gastar dinero supone la mejor manera de protestar, como consumidores, por “la escalada demencial del precio de la vivienda, el endeudamiento familiar,  los fraudes bajo productos de pseudoinversión, las quiebras de grandes compañías, las irregularidades continuas de las compañías aéreas, las cláusulas abusivas en contratos bancarios, las cláusulas suelo-techo de las hipotecas, los abusos de las telefónicas, la liberalización de los servicios energéticos de espaldas al consumidor”. Un día sin compras no supone gran cosa para las empresas. Se trata, en cambio, de hacer un pequeño alto en el camino, de pensar por un momento en qué sociedad construimos cuando entregamos unas monedas o pasamos nuestra tarjeta por el lector del supermercado. ¿Es responsable mantener el sistema que nos ha llevado a la situación actual? ¿Podemos permitírnoslo y dejarlo como herencia a los que vienen detrás?