Consume y Muere

Cada mes llega un sobre a nuestros buzones con la factura mensual del servicio de electricidad. En la zona donde vivo, el suministrador tradicional es Endesa por lo que en cuanto firmé el alquiler del piso di de alta el contrato de suministro con la antigua empresa nacional de electricidad. Desde entonces, mes a mes van llegando facturas de las que al principio solo miraba la cifra de lo que me iban a cobrar. Sin embargo, hace poco tiempo he descubierto la cara b de la factura: el reverso de cada recibo tiene un montón de datos interesantes a los que deberíamos prestar algo más de atención. Os enseño un ejemplo:

Detalle del reverso de una factura de Naturgas Energía

Detalle del reverso de una factura de Naturgas Energía

Desde 2008, la Comisión Nacional de la Energía obliga a cada empresa que comercializa energía a incluir información como esta en las facturas que emite a sus clientes. Básicamente, se trata de ampliar, en cierta medida, la transparencia del mercado y conseguir que los usuarios de la electricidad sepamos qué impacto tiene nuestro consumo. En pocas palabras: de saber qué se quema o qué se mueve para que se encienda una bombilla cuando apretamos el interruptor.

De manera general, en todas las facturas hay dos gráficos de sectores como estos que veis arriba. El primero indica la mezcla de la producción energética durante el año anterior en todo el sistema eléctrico español y en el segundo vemos la mezcla de la propia empresa. Con ellos podemos saber cuánta de la energía que consumimos procede de renovables, cuánta del carbón, cuánta del gas natural o cuánta fue producida en centrales nucleares. Si tenéis una factura a mano, id a por ella y echad un ojo (si no, también podéis ver el ejemplo que os enseñaba antes completo aquí). Probablemente os sorprenda saber que la tortilla de patatas que hicisteis ayer, aunque fuera hecha con huevos y patatas ecológicas, tenía en realidad un cierto regusto a uranio.

Hasta el año 2009 esta información era bastante poco práctica. Podía servir como mera información acerca de las actividades de la empresa de la que éramos clientes, pero poco más porque el mercado estaba dividido entre suministradores y no era posible escoger de una manera accesible. Sin embargo, el año pasado la situación cambió como resultado de la liberalización de este mercado, como tantos otros. Ahora los clientes con una potencia instalada entre 3 y 10 kW, que somos casi todos, pueden escoger entre dos modalidades de suministro eléctrico:

  • la tarifa último recurso, que es algo así como el servicio universal de las telefónicas; es un tipo de tarifa cuyo precio está fijado por el gobierno y a la que tenemos acceso a través de una de las cinco suministradoras aprobadas por el Ministerio de Industria.
  • la tarifa libre que podamos negociar con la suministradora que escojamos entre las más de treinta que operan en España en el mercado liberalizado de energía eléctrica.

Pues bien, como parte de los propósitos de año nuevo que todos nos hacemos, me he prometido que este año voy a ser más responsable en el uso de la energía. Por supuesto que consumiré menos (“la energía más limpia es la que no se consume”, eso está claro), pero también me propongo hacer un estudio de las mezclas energéticas de las empresas que operan en mi zona y contaros cómo es el proceso de cambiarme a la que me ofrezca la mejor relación entre la mezcla de producción con tanto porcentaje de renovables como sea posible y el mejor precio de cada kW contratado.