Consume y Muere

Trabajadores inmigrantes nicaragüenses esperan para ser pagados por su trabajo (Kent Gilbert / AP)

Probablemente gane si apuesto con usted que soy capaz de adivinar de dónde procede la piña que toma como postre o desayuno: Costa Rica. No es difícil acertar si se tiene en cuenta que tres de cada cuatro de las que se consumen en Europa se han cultivado en el país centroamericano. Hubo un tiempo, hace alrededor de diez años, en que Costa de Marfil participaba activamente del negocio. Poco a poco, sin embargo, la situación de inestabilidad política del país y la preferencia de los consumidores por el sabor más intenso de la variedad “extra sweet” americana decantaron la balanza.

Foto: Rubi Flórez

Hace unos meses tuve la suerte de visitar Costa Rica. Me enteré allí de la guerra que cada día libran sindicalistas, ecologistas y agricultores contra el cultivo de una fruta que ha pasado en pocos años a liderar las exportaciones nacionales agrícolas (superando incluso al banano gracias a un crecimiento de casi un 5% en el primer cuatrimestre de este año). En una tierra tan rica que es capaz de producir, gracias también a la diversidad de climas que posee, una gama de 120 cultivos diferentes, la piña ha ido lentamente convirtiéndose en la opción más rentable y la mayoritaria. Es difícil encontrar a un “tico” (así se llama también a los costarricenses) que no tenga entre su familia, amigos y conocidos una persona directamente afectada por las consecuencias económicas, laborales o medioambientales del cultivo de esta fruta tropical. Empecemos a desgajarla.

Los niños conteniendo la respiración para no respirar los gases de la fumigación (Kent Gilbert / AP)

“Nos hacían trabajar por la noche a pesar de que hay serpientes peligrosas y sin tener la luz suficiente para detectarlas. Teníamos que hacer turnos de catorce horas y ni siquiera nos daban los medios para protegernos de los productos químicos que utilizan como fertilizantes”, explica un trabajador de Del Monte, una de las grandes productoras junto con el Grupo Acon. Estas son algunas de las duras condiciones que soportan trabajadores que tienen un turno laboral de seis días por semana y no cobran más de nueve euros diarios. En total, reciben al mes alrededor de 250 euros, según datos aceptados y publicados por la propia Cámara Nacional de Productores y Exportadores de Piña de Costa Rica. “Nos resulta muy difícil asociarnos porque las multinacionales que se han implantado son especialistas en desbaratar las organizaciones sindicales. Los empleados que  formaban parte de ellas han ido poco a poco siendo apartados de las listas de trabajadores”, relata el mismo empleado de Del Monte, una productora y distribuidora estadounidense de alimentos con base en San Francisco y que opera en Centroamérica y Sudamérica desde finales del siglo XIX.

Buceando un poco en las características de la piña, descubrimos que se trata de un cultivo muy intensivo y exigente. Aparte de la aplicación inicial de fertilizantes (que incluyen substancias como el fósforo), su crecimiento exige una nueva dosis de los mismos cada quince días, lo que nos da unas 16 fertilizaciones aproximadamente en el tiempo que tarda en madurar.  El resultado es que, como crítica la campaña de Consumers International y una larga lista de organizaciones ecologistas y civiles costarricenses, la contaminación de las reservas acuíferas y del suelo es más que preocupante. Algunas comunidades tienen que usar agua potable distribuida por camiones cisterna porque su fuente local está muy contaminada. He podido comprobar con mis propios ojos que residentes de estas zonas atribuyen a la toxicidad del agua que utilizan para el aseo molestias en su piel y en aparato respiratorio, unas acusaciones imposibles de contrastar porque no existen investigaciones concluyentes sobre el asunto.

Un trabajador, en este caso del café, en Costa Rica (Kent Gilbert / AP)

Por si no fueran suficientes motivos de preocupación, este año se ha añadido otro más: la posible introducción de la piña transgénica en el país. La empresa LM Veintiuno S.A. solicitó a finales de 2010 a la Comisión Nacional de Bioseguridad la autorización para su siembra en septiembre de 2011. Desde entonces, organizaciones ecologistas y campesinas, y diputados de partidos políticos se han unido para exigir que se frene un cultivo que consideran irresponsable por falta de estudios que lo avalen. Fabián Pacheco, portavoz de la Federación Ecologista, denuncia que no está probado que  la introducción de la piña transgénica sea inocua y que sería imposible controlar su proliferación fuera de  las zonas acotadas.

Mientras estas guerras se libran a miles de kilómetros de distancia del plato de los consumidores, las principales superficies comerciales centran sus preocupaciones en lograr el mejor precio posible, según denuncia la campaña de Consumers Internacional. Desde el agricultor al sindicalista costarricense, todos coinciden en que sus luchas por mejorar las condiciones de los trabajadores y la responsabilidad ambiental serán inútiles mientras los consumidores europeos y norteamericanos no estén informados sobre el precio real de los productos que adquieren. Una investigación realizada por Consumers International revela que sólo cinco de dieciséis superficies comerciales analizadas cumplen el compromiso de contribuir a un salario digno para los trabajadores de base. Un escaso cumplimiento que no les pasa demasiada factura si tenemos en cuenta que son muy pocos los consumidores que están realmente informados sobre las consecuencias éticas de comprar, por ejemplo, una piña costarricense a un precio demasiado bajo.

(19) Comentarios

  1. [...] El amargo sabor de la piña que comemos [...]

  2. Xosé Alberte

    ¿Te suena que haya alguna marca de piña costarricense de comercio justo? Porque la verdad es que es terrorífico lo que cuentas en el artículo y estaría genial poder seguir disfrutando de esta fruta pero en condiciones decentes y no inmorales como hasta ahora.

  3. ¿Qué podemos hacer nosotros para cambiar esto? Porque tomar conciencia del precio real de la piña no cambiará nada…¿Mejor consumir, no consumir, boicotear a algunas marcas concretas, favorecer otras?

  4. Miriam

    Xosé y Jorge. Muchas gracias por vuestros acertados comentarios. Voy a tratar de elaborar una lista de alternativas. pero dadme tiempo porque lo que en algunos lugares recomiendan por buenas prácticas en otros después lo desaconsejan. Es difícil, por lo que he visto, que hasta mis propias fuentes se pongan de acuerdo. Me comprometo a dar un plan B. Gracias de nuevo.

  5. Miriam

    Lo que sí que puedo asegurar, por los testimonios recogidos, es que la práctica totalidad de las que encontramos en las grandes superficies provienen de las grandes productoras, que son las que reciben las críticas y denuncias contenidas en mi artículo. Gracias.

  6. Quique

    De todos modos, creo que la tendencia debería ser consumir productos próximos a nuestras ciudades. El impacto ecológico (en transporte y en monocultivos) de traer productos para el primer mundo desde otros países que hipotecan sus tierras para cultivar lo que aquí consumimos, acabando con la agricultura local, desposeyendo a los agricultores de tierra y provocando que pasen a ser jornaleros de estas plantaciones de monocultivo, reduciendo la diversidad, creo que es excesivo. Si todos estos costes externalizados se incluyeran en el precio, dudo que pudiéramos comprar muchos productos como este.
    El argumento de que este comercio aporta riqueza a esos países no se sostiene: a quién enriquece? A las empresas y multinacionales que lo controlan. Los trabajadores deben trabajar en estas condiciones porque es lo único que pueden hacer; imagino que para ellos sería mucho mejor trabajar sus tierras, y recibir un precio digno por lo que producen, que trabajar en estas condiciones.

  7. Miriam

    Os dejo un link que me han mandado que completa la información y aporta otros matices.http://radiomundoreal.fm/Cuatro-anos

  8. Lupita

    Hola, cada vez me siento peor como ser humano, qué asco! en la isla del Hierro hay cultivo de piña ¿qué pasa con ellas?saludos y felicidades por todo lo que escriben.

  9. Laura

    Hasta donde yo sé: Intermón Oxfam comercializa piña en almíbar de Comercio Justo. Otra cosa: a mí nunca me gustó la piña, pero hace unos meses la probé en Cuba, directamente de un campo que no usaba fertilizantes químicos y me supo a pura vida (como dirían los ticos). Allí las piñas son de color más blanquecino porque, según me contaron, el amarillo que tienen aquí es etileno que les ponen para hacerlas madurar una vez se cogieron verdes de la mata para transportarlas. El etileno vuelve la carne de la piña más amarilla y cambia el sabor del fruto. Si en El Hierro hay, alguien debería potenciar un cultivo así y a mí me volvería a gustar comer piña :)

  10. maria angustias moreno

    La comida la ropa,ect esta hecho con la explotacion de muchos seres humanos,los chinos,india,america latina ect
    incluso mucha gente muere.España fabrica las pequeñas bombas que tantos niños pierden sus piernas.EL mundo en que vivimos es a base de pisar, maltratar,todo se basa en don dinero poderoso caballero.

  11. Quique

    Gracias Miriam, por el reportaje (olvidé hacerlo en el anterior comentario) que nos informa de la situación de estas personas invisibilizadas por los medios, y también por el enlace. No lo conocía y me ha parecido muy interesante

  12. [...] El amargo sabor de la piña que comemos consumeymuere.periodismohumano.com/2011/06/09/el-amargo-s…  por yair_rodriguez hace 2 segundos [...]

  13. Qué tremendo lo que cuentas, Miriam. Si conoces alternativas compártelas por favor, es terrible formar parte de este engranaje.

  14. Miriam

    Gracias a todos por vuestros comentarios. Resulta muy gratificante ver las ganas que tenéis de cambiar las cosas e informaros. Estoy sumida en el reto de buscar alternativas que esté segura son justas y se puedan comprar fácilmente en España y no me rendiré hasta conseguirlo aunque el tema está resultando arduo. La piña enlatada de Oxfam es una opción limpia. Sobre la fresca, es muy interesante y revelador ver cómo se especula incluso con las certificaciones de la fruta. Todo un mundo. Os mantendré informados de los resultados. Saludos.

  15. Revelador artículo, muchas gracias, informaciones como estas permiten un consumo más responsable.

    Por otra parte estoy de acuerdo totalmente con Quique. Deslocalización y externalización de costes, dos buenas claves para entender los desastres de la globalización neoliberal. Como dice Quique, es necesario que nuestro consumo sea básicamente local (en la medida de lo posible claro) y yo añadiría “de temporada”. Es un disparate termodinámico la forma en que nos alimentamos actualmente. El tema de internalizar costes es otra asignatura pendiente y un imperativo ético que obviamente las corporaciones jamás van a afrontar en esta lógica de mercado… en fin, no sigo porque como comience no paro…

    Un saludo

  16. Casaletti

    He leído la página en un periódico italiano.
    Me parece que hay mucho de exageración, si no la demagogia.
    Entiendo que se acaba de cerrar tres cultivos de piña de la contaminación.
    Creo que está haciendo una mala publicidad all’Costa Rica y usted mismo.
    Saludos Juan José Casaletti Casti

  17. jose de costa rica

    Hay mucha exageración pero al revés. Habría que cerrar todas las piñeras.
    Si hay frutas locales donde ustedes están, coman eso. Cuanto más haya viajado un producto, peor es.

  18. [...] piña que tan alegremente compré y comí la semana pasada es producto de la explotación humana y medioambiental. Como las fresas de Huelva. Como mi iPod. La lista es [...]

  19. marina

    Más que el problema de salarios y de explotación de los seres humanos que trabajan en las piñeras, está la contaminación que producen los desechos de la piña por los químicos usados, sin embargo hay una gran cantidad de productores independientes acá en Costa Rica que la están produciendo sin éstos químicos de forma orgánica y ésta es enviada los mercados europeos. Por supuesto que los productos orgánicos son más caros de producir pero vale la pena introducirlos en nuestra dieta.

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