Consume y Muere

El crucero Costa Concordia (AP)

“Poco después de que el barco sufriera el primer golpe la compañera con la que viajaba y yo fuimos conducidos, junto con un grupo de otros 40 pasajeros, a una zona de la popa. Una vez allí se nos informó por megafonía de que todo estaba bajo control y de que el apagón de luz que había sufrido el barco se debía a un fallo en el generador que estaban intentando arreglar.  Una hora y cuarto más tarde de que eso sucediera, y al darnos cuenta de que el barco se ladeaba hacia un costado de forma preocupante, decidimos tratar de salir de allí por nuestra cuenta. En esos momentos ya nadie nos decía nada por megafonía sobre lo que realmente estaba pasando y sobre las pasos que teníamos que seguir para la evacuación”.

Juan José Quevedo es uno de los 177 pasajeros españoles que viajaba a bordo del Costa Concordia, el barco que naufragó en las inmediaciones de la pequeña isla italiana Giglio el pasado 13 de enero. Se considera afortunado por no haber sufrido graves heridas físicas, ni padecer secuelas psicológicas tras el naufragio, “yo estoy bien, de lo contrario te mentiría”, afirma. Sin embargo, no está dispuesto a que como consumidor no se le respeten sus derechos: “no quiero más que lo que me corresponde”. Y la pregunta inmediata que se hace necesaria ante tal afirmación es: ¿y qué es lo que le corresponde a un consumidor que se ve implicado en una situación como la vivida por Juan José?

Existen una serie de cuestiones ineludibles ante las cuales Costa Cruceros, como empresa propietaria del buque Costa Concordia, debe responder ante los damnificados: el reembolso total de los gastos de viaje, el reembolso de cualquier gasto en el que se haya incurrido desde el naufragio hasta el viaje de regreso a casa, todos aquellos gastos que se hicieran a bordo del barco, cualquier gasto médico que el pasajero haya necesitado a causa del accidente y la devolución de los objetos de valor que estuvieran en las cabinas de seguridad, una vez hayan sido recuperados. Esto, por ahora, es lo que Costa Cruceros ha ofrecido por escrito en una carta a cada uno de los pasajeros. En lo relativo a la pérdida de objetos de valor o “compensaciones de otra naturaleza”, Costa Cruceros comunica en esa misma carta a sus clientes que se pondrá de nuevo en contacto con ellos lo antes posible.

“¿Y a mi quién me repone el valor de mi equipo fotográfico que no estaba en la cabina de seguridad y que he perdido?, ¿y el haberme fastidiado mis vacaciones?”, son las preguntas que se hace Juan José. También se pregunta cómo se le va a reponer a su compañera de viaje el hecho de que desde que volvió a casa tras el naufragio sea incapaz de dormir en cualquier lugar con las ventanas cerradas, porque se despierta aterrorizada.

“Lo que se les ofrece es lo de menos, lo demás está por determinarse”, comenta  Eugenio Ribón, asesor jurídico de la Confederación Española de organizaciones de amas de casa, consumidores y usuarios (CEACCU), que ha presentado la primera demanda judicial en los juzgados de Madrid contra Costa Cruceros, al considerarla propietaria del Costa Concordia . Esto supone, según CEACCU, el primer paso de una serie de acciones judiciales que traten de compensar, en la medida de lo posible, a los usuarios víctimas del naufragio por entender abusivas un tercio de las clausulas del contrato de esta compañía con sus clientes.
Por ejemplo, en referencia a las condiciones de venta online, en sus “normas generales de aplicación”, Costa Cruceros establece Italia como lugar de celebración del contrato, tanto al declarar la dirección la compañía, como cuando se hace referencia al “cierre” del mismo: “únicamente para los pasajeros considerados consumidores que hayan adquirido un crucero; los contratos correspondientes se consideran cerrados en Italia y se entiende que la Ley aplicable al contrato es exclusivamente la italiana”.
CEACCU solicita en su demanda la nulidad de esta cláusula apelando a la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información y de Comercio Electrónico (LSSI-CE) que dispone que “los contratos celebrados por vía electrónica en los que intervenga como parte un consumidor se presumirán celebrados en el lugar en que éste tenga su residencia habitual”.
Particularmente lesivo para los afectados por el naufragio del Costa Concordia es la renuncia a los Tribunales españoles que impone su “norma general” décimo segunda del contrato, y que a juico de CEACCU, “la abusividad de esta estipulación deriva del desequilibrio que puede generar al consumidor el hecho de ser forzado a litigar en el fuero impuesto por el organizador, al margen de la concreta determinación de fueros y normas que puedan resultar aplicable por fijación de las reglas procesales vigentes”.

Sobre la custodia de los objetos de valor, el contrato de Costa Cruceros dice que “el Organizador no asume responsabilidad alguna por la custodia del dinero, documentos, títulos, joyas u objetos preciosos que no hayan sido recibidos para su depósito en dicha caja de seguridad, aún cuando estuvieran depositados en las cajas fuertes de los camarotes o en las de las habitaciones de los hoteles que presten servicios de alojamiento”. Frente a ello, CEACCU manifiesta en su demanda “la  pretensión de exoneración de responsabilidad por sustracción del equipaje o enseres de los usuarios en el ámbito de las condiciones generales de la contratación en los viajes combinados, ha sido rechazada con contundencia” tanto por la doctrina, como por la abundante jurisprudencia que CEACCU recoge”.

CEACCU ha optado por la concentración de fuerza contra el propietario del buque para evitar la diseminación de acciones de decenas de reclamaciones contra pequeñas agencias de viaje, ya que según el artículo 162 del Texto Refundido de la Ley General de Defensa de Consumidores y Usuarios (TRLGCU), “se establece una responsabilidad entre organizador y detallista”. Una demanda colectiva además, supone una dirección letrada única, lo que aumenta la eficiencia del proceso legal, reduciendo los costos del litigio para los afectados, además de ahorrar tiempo al evitar que se repitan las mismas pruebas y testimonios de juicio en juicio.

“Estamos intentando ponernos en contacto vía mail la mayor parte de los pasajeros de habla hispana que íbamos en el barco. Ya hemos hecho una pequeña reunión en Barcelona de 15 a 20 personas para ver qué tipo de acciones emprendemos contra la compañía. En principio, y aunque cada uno se ha ido a asesorar de forma individual, creemos que lo más efectivo puede ser poner una demanda conjunta, pero todavía estamos en la fase de tratar de organizarnos bien”. Pablo Ventrici viajaba a bordo del Costa Concordia con su mujer y sus dos hijos de 14 y 10 años. “En el caso de mi familia pensamos que ninguno de nosotros estaría afectado más allá de los daños materiales que perdimos en el barco, pero resulta que a mi hijo pequeño la psicóloga nos ha dicho que se ha visto afectado por el naufragio más de lo que aparenta. Así que también tenemos pensado reclamar por daños morales”.

Ante este tipo de situaciones CEACCU advierte a los pasajeros afectados que aceptar cualquier cantidad ofrecida por Costa Cruceros, sin ver qué tipo de indemnización sería la correcta, supondría renunciar a reclamaciones futuras. En el accidente del Costa Concordia, de demostrarse que fue debido a causa de una negligencia humana, la indemnización de los afectados superaría el límite establecido por la legislación europea y el artículo 101 de nuestro propio Código Civil en materia de transporte de pasajeros, por lo que habría que estudiar muy bien la cantidad que se pide para cada caso en concreto. “Eso es lo más complejo de todo, ya que por un lado estaría la indemnización básica que les corresponde a todos pasajeros que iban a bordo del barco, y luego habría que analizar cada caso en concreto en cuanto a daños físicos, materiales y morales producidos. Incluso en el caso de la familia del pasajero español fallecido en el naufragio, habrá que determinar qué cantidad se le tendría que ofrecer como indemnización, ya que de demostrarse que el accidente fue debido a una negligencia del capitán, como parece que indican las pruebas, se rebasarían los límites establecidos en la legislación vigente al respecto”.

En este sentido la Asociación de Consumidores y Usuarios de Madrid (CECU)  aconseja a los afectados a que “mantengan la calma” y no se precipiten en aceptar de entrada ninguna compensación económica o cantidad que puedan ofrecerles, a cambio de la renuncia de derecho. La CECU realizar la reclamación ante la agencia de viajes en la que se compró el crucero para que quede constancia, sin perjuicio de que posteriormente acudan a cualquier asociación de consumidores para recibir asesoramiento.

“Así es como tenemos pensado que lo vamos hacer la mayoría de los compañeros con los que he hablado”, comenta Pablo, “no nos queremos precipitar porque nos han dicho que tenemos tiempo”. En concreto 2 años, pero tal y como aconseja la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) es importante que la demanda se interponga “lo antes posible”.La OCU y CEACCU confían en que la compañía Costa Cruceros atienda con la máxima urgencia las compensaciones de sus clientes y no ponga obstáculos al cobro de las indemnizaciones correspondientes.

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