Consume y Muere

Foto: Manu Contreras.

Promesas de recibir un móvil determinado que después se ven defraudadas, contraofertas para evitar la fuga de un cliente a cambio de supuestas condiciones ventajosas que más tarde no se ven reflejadas en las facturas, teleoperadores que “venden” varios descuentos a la vez a sabiendas de que la compañía no permite que éstos se acumulen, plazos de entrega de móviles que se dan a pesar  de que el mismo no está en stock ni quizás en catálogo… Son algunas de las prácticas que denuncian los usuarios de telefonía móvil, un sector que ha visto como el número de reclamaciones ha aumentado un 30 por ciento en el primer semestre de este año, según datos de la Oficina de Atención al Usuario de Telecomunicaciones.

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Foto: Jlabras.

El 8’6% de la merluza que nos venden en los mercados españoles no es tal, sino que se trata de otros pescados de precio inferior. Es el resultado de una comprobación realizada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación con la colaboración de la Universidad de Oviedo. “Recogimos muestras tanto de merluza fresca como congelada y las llevamos para que analizaran el ADN. La conclusión fue que prácticamente una de cada diez merluzas estaba mal etiquetada. Nos habían dado otros pescados considerados de calidad inferior: panga, merluza de cola, que no es ni la misma especie a pesar del nombre, granadero…”, explica a Periodismo Humano Mar Cabra, una de las periodistas que ha elaborado la investigación.

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Joven de la tribu de los bosquimanos recolectando hierbas terapéuticas. Foto: Petr Kosine

“Cómprenles azúcar. En grandes cantidades, porque les encanta. Nos les cobrarán por pasar la noche con ellos, pero esperan regalos. Y los dulces son lo mejor para abrir la puerta de una comunidad himba”. Nos lo dijo en un viaje a Namibia un guía que se encargaba de organizar excursiones previo pago generoso a poblados tradicionales de este pueblo, famoso por la bella planta de sus gentes y la arcilla roja que cubre el cuerpo de sus mujeres. Hoy, muchas de ellas abandonan sus casas para ir a ejercer la prostitución a la ciudad de Opuwo, lo que ha contribuido a la propagación del Sida, que se extiende a gran velocidad, ya que la poligamia es la norma entre ellos. Desde que descubrí en este viaje la delicada línea que separa el interés antropológico legítimo del viajero moderno del safari humano, siempre me ha angustiado saber cómo trazarla.

Coincidiendo con la celebración del Día Mundial del Turismo, la organización Survival International, que lucha por defender la supervivencia y dignidad de los pueblos indígenas del mundo, ha denunciado abusos cometidos contra una mujer indígena en la isla Andamán de la India. Un archipiélago en el que hasta 1998,  muchos de sus pobladores autóctonos no habían tenido más que contactos ocasionales con el hombre blanco. Es la prueba más palpable de unas malas prácticas cada vez más extendidas. Ahora muchos touroperadores les tiran galletas desde los coches para llamar su atención, atraen a los niños como si fueran animales ofreciéndoles alimentos que rompen su dieta tradicional. Todo para que turistas occidentales puedan fotografiar una forma de vida distinta, pero de la que aprenden poco. Leer más


Trabajadores de telemarketing de Telefónica manifestándose en Argentina. (Foto: Olmovich)

Foto: AP.

“No es extraño ahora en este sector que te marches una mañana de la subcontrata en la que trabajas y que al día siguiente te digan que el servicio lo cubrirá otra empresa, que le sale aún más barata a la compañía contratista. Aunque en teoría están obligados a reabsorber gran parte de la plantilla, en la práctica, unas veces te quedas y otras te vas”. Me lo cuenta una teleoperadora de 48 años con dos hijos. “Desde hace años, parece que tenemos que dar las gracias a Movistar por mantener parte de sus servicios en España en vez de deslocalizarlos todos a Argentina, por ejemplo. Allí la situación es mucho peor. Hay gente que gana un sueldo muy por debajo de los 400 euros. Yo llevo años detrás de un horario estable y una jornada de ocho horas, pero la tónica ahora es tener gente más joven trabajando durante pocas horas al día. Deben de resultar más fáciles de contentar”.

“El convenio de los trabajadores de telemarketing está diseñado a la medida de la patronal. En la práctica perpetúa la precariedad porque, por ejemplo, no se reconoce el derecho de subrogación, lo que quiere decir que cuando se cambia de subcontrata las trabajadoras, ya que en un 90% son mujeres, pueden perder su empleo. De no hacerlo, tendrán que empezar de cero y se quedarán sin su antigüedad y todos los derechos adquiridos”, explica Igor Eizaguirre, del sindicato vasco Ela, uno de los más activos en la lucha por los derechos de los trabajadores de telemarketing. “Precisamente en estos momentos estamos trabajando por mejorar el convenio de los trabajadores de Euskaltel y vemos que muchas mujeres están hartas y  se están arriesgando. Hay que tener en cuenta que se trata de un acto valiente porque en el próximo cambio de subcontrata podrán librarse de las que protesten con total sencillez”, explica.

Dosis tóxicas de incertidumbre. Cadenas infinitas de contratos enlazados, usados y tirados. Deseos de enganchar una campaña estable para poder tener unos meses de tranquilidad. Es el día a día descrito por muchos teleoperadores que confiesan acostumbrarse tanto al “estrés” de no saber qué será de sus vidas, que llega un momento en que lo consideran una forma normal de existir. “Creo que llega un momento en el que lo más difícil ya no es tu propia situación, sino sentir que estás contribuyendo a prácticas que detestas. Los coordinadores nos incitan a dar los precios sin tener en cuenta el IVA u omitir información que el cliente necesita para tomar una decisión. A veces tienes que decir que un servicio es gratis cuando no lo es, o no recordar el precio de instalación. Todos los días siento que tengo que buscar otra cosa, pero no resulta sencillo cuando dependes de unos ingresos”, explica una teleoperadora madrileña que trabaja actualmente para Vodafone pero que antes lo ha hecho para Movistar y dos compañías de venta de seguros. “A veces tienes que colgar al cliente para salvar tu puesto de trabajo porque te estás entreteniendo demasiado en la conversación y sabes que eso es algo muy mal visto en el call center. A los clientes que tienen un saldo bajo a veces les ponemos una música para que no se enrollen demasiado. A veces no sabemos la respuesta a lo que nos piden porque nos falta formación y en vez de buscarla tratamos de confundirle para que cuelgue y no nos ponga en un compromiso. La consigna que nos transmite la subcontrata no es dar un buen servicio, sino cumplir los ratios exigidos y ser escrupuloso con las normas”, detalla.

Desde Perú, Sabina (nombre falso) me cuenta algunas vivencias que ha ido atesorando durante más de diez años como teleoperadora. “En Atento, la subcontrata de Movistar, nos hacían trabajar en locales que ni siquiera se habían terminado de acondicionar y estaban llenos de polvo, de cascotes. Unos compañeros me contaron que en 2007 estuvieron trabajando en un quinto piso durante las réplicas del terremoto de este año y veían rajas en las paredes. Tenían miedo. Respecto a nuestra vida diaria, el salario es de miseria aunque trabajes fines de semana y festivos. La actitud es totalmente prepotente. Actúan como si te estuvieran regalando el dinero que te dan”.

Foto: Vlima.

Parecida es la situación que describen los trabajadores de telemarketing de Argentina. En mayo de 2010, el periódico argentino La Voz del Interior publicó un artículo comentando los resultados del estudio realizado sobre 100 trabajadores de calls center de Córdoba por el doctor Pablo Cólica, director médico de la Asociación de Medicina del Estrés de Córdoba (AMEC). En él se habla de jaquecas, trastornos del sueño y digestivos, palpitaciones, falta de aire, debilidad, contracturas musculares, alteraciones cognitivas como pérdida de concentración y de memoria, falta de atención, y alteraciones de carácter como irritabilidad, etc. Lo peor es que los trabajadores que sufren estas dolencias terminan siendo despedidos cuando acaba la campaña o cuando la subcontrata termina. La máxima del negocio parece asumir que las personas que se dedican esta labor tienen una fecha de caducidad corta, por lo que no hay que preocuparse demasiado por ellas sino por reemplazarlas periódicamente.

Frente a estas situaciones descritas por muchos trabajadores, Atento niega que evoquen la realidad. La filial de Movistar destaca que la empresa ha obtenido este año, por ejemplo, la categoría de Great Place to Work, una condecoración que selecciona las compañías que mejores condiciones tienen para sus plantillas.


Hace un par de semanas escribí un reportaje denunciando los problemas sociales, laborales y ambientales que rodean el cultivo de piña en Costa Rica. Muchos de vosotros me pedisteis alguna alternativa para seguir comiendo esta fruta sin veros inmersos en el complejo e injusto engranaje que rodea este inmenso negocio agrícola. Para responder a esta petición he realizado un pequeño “viaje” a través de los distintos tipos de certificaciones con los que puede contar un producto y su significado. Una variedad con la que el consumidor medio no suele estar familiarizado y que esconde también sus matices y hasta sus polémicas. Empecemos a analizarla.

En primer lugar, comenzaremos por buscar una piña costarricense de Comercio Justo. Esta categoría quiere decir que la fruta ha sido cultivada y después comercializada siguiendo unos principios sociales, económicos y medioambientales adecuados. Para encontrarla me dirijo a  Fairtrade Labelling Organisations Internacional (FLO), la organización paraguas global para el Comercio Justo. En España la representa la Asociación del Sello Fairtrade-Comercio Justo y contactando con ellos me llevo la primera mala noticia. “No hay piña fresca de comercio justo en España, es imposible encontrarla”, me cuenta Pablo Cabrera, director de la asociación. “Lo único que se puede encontrar eventualmente es algún cargamento residual de los que van dirigidos a otros países de Europa. Pasando los Pirineos la situación cambia radicalmente, pero en España no está disponible este producto con el sello de Comercio Justo”, detalla. Con esta respuesta estoy finalmente en disposición de afirmar que la única piña que se puede consumir en España con la que estemos seguros de que nadie ha sido explotado laboralmente, entre otras consideraciones, es la que comercializa en almíbar y en lata Oxfam Internacional. Para informarse de marcas en otros países recomiendo visitar la página web de FLO. Leer más