Consume y Muere

He encontrado en Youtube este viejo anuncio de la margarina Tulipán que se dirigía a las amas de casa de la década de 1960 con frases como “usted puede tomar su pan reciente (…) pero para disfrutar más de su pan, añádale Tulipán”. En el mismo portal de vídeos me he topado con una actualización de la añeja campaña que podéis ver aquí, adaptada a 2009 y que apela al mismo público objetivo con frases como “¿Y tú, qué pones en su bocadillo?”. Dejando a un lado las enormes similitudes entre uno y otro anuncio, como los planos detalle del cuchillo untando la margarina o la aparición de una madre joven con un niño, existen diferencias evidentes entre uno y otro: el ritmo narrativo, el uso del color o la música ambiente y la aparición de una abuela matriarcal como elemento vertebrador de la familia propuesta. Y, cómo no, la manera en que el anuncio se dirige a su mercado potencial: mientras en 1966 se dirigía a la espectadora –en femenino– con la forma cortés del ‘usted’, el anuncio del año pasado ha saltado directamente a utilizar, sin ningún tipo de contemplación, el tuteo como tratamiento del público.

En los últimos años, varias empresas han optado por ir más allá y dirigirse a sus clientes o público objetivo con formas incluso más coloquiales. Una llamada al teléfono de información comercial de la operadora Yoigo es un ejemplo: “Hola, buenas noches, me llamo Inmaculada. ¿En qué puedo ayudarte?”. Su web nos provee de ejemplos infinitos. Por ejemplo, arranca la presentación de su página de descargas con un “Cuando quieras tunear tu móvil con logos y politonos (…) o un salvapantallas con nuestros muñequitos, tan majos ellos…”.

Leer más


Publicidad de una promoción de movistar en recibida en mi móvil

Publicidad de una promoción de movistar en recibida en mi móvil

Después de cuestionarme sobre nuestra lealtad a las marcas, tengo ganas de seguir haciéndome preguntas. Aunque hoy voy a ser algo más directo: ¿tengo cara de tonto? Antes de que os lancéis a contestar (a alguno le darán ganas de contestar que “sí” como dan ganas de estampar una tarta de merengue en la cara de alguien cuando la ves en la pastelería), os aviso que es una pregunta retórica y que no hace falta que entréis todos en el perfil a ver qué cara tengo. Vamos al lío: ¿tengo cara de tonto? ¿Por qué Movistar me manda un mensaje como el que veis arriba, que recibí ayer por la mañana?

Vale, puede que fijándonos en el sentido literal de cada palabra, la frase tenga sentido. Cuanto más hablo, mayor es el importe que me descuentan. De hecho, la oferta podría ir más allá: si hablo mucho, el porcentaje del descuento se incrementa (por cierto, he llamado al 900101010 y nadie sabe descifrarme el enigma, así que nos quedamos –de momento– sin saber cuál es la interpretación correcta).

Leer más


Un viajero busca su maleta entre los equipajes amontonados durante una huelga en el aeropuerto de Bruselas. (Yves Logghe / AP)

Con la entrada en la Unión Europea y el cambio de los tiempos, pocas leyes anteriores a 1975 han sobrevivido en el ordenamiento jurídico. Sin embargo, hay una que aguanta década tras década con el vigor de quien se ha cuidado bien y llega a los cincuenta años con salud y buen aspecto. La ley 48/1960, de Navegación Aérea, sigue al pie del cañón y con pequeños retoques parece incluso que por ella no pasan los años, como si los españoles de entonces y los de ahora fuéramos iguales, sin tener en cuenta que ahora volamos casi igual que antes cogíamos el ‘coche de línea’ para ir al pueblo por vacaciones. Muchos de vosotros, los más afortunados, os habréis enfrentado a ella o vais a hacerlo durante estos días de vacaciones.

A decir verdad, y a pesar de su insultante buen aspecto, hay algo que falla en ella, porque las líneas aéreas se burlan día tras día de los artículos que afectan a los pasajeros tan directamente como el que se refiere al transporte de equipaje. Mirad lo que dice su artículo 97:

El transportista estará obligado a transportar juntamente con los viajeros, y dentro del precio del billete, el equipaje, con los límites de peso y volumen que fijen los Reglamentos. El exceso será objeto de estipulación especial.

Con la irrupción de las líneas de bajo coste y la privatización de las aerolíneas de bandera, parece que todas se han dado cuenta de que pueden cobrar por lo que les parezca y que se pueden ir de rositas. De hecho, el propio Nacho Escolar se quejaba ayer en su Twitter de que Ryanair le pedía 40 euros por imprimir una tarjeta de embarque en Barajas.

En fin, en cuanto a las maletas prefiero pensar que las empresas nos dan la posibilidad de escoger entre llevar equipaje facturado o recibir un descuento por no hacerlo. Podría verse así. El caso es que, técnicamente, las compañías incumplen la ley al hacerlo al revés. Ya pueden las organizaciones de consumidores protestar, que aquí no pasa nada.