Consume y Muere

Baño público (Wootang01 / Flickr)

Baño público (Wootang01 / Flickr)

Hay veces en que la presencia de la Unión Europea en nuestras vidas se presenta de manera demoledora. En la superficie mediática, las grandes estrellas son Sarkozy, Merkel, Brown o Zapatero. Son quien ocupa los grandes cargos, los representantes políticos de los estados miembros de la UE. Pero más allá de su influencia, la Unión es ya un ente propio con un gobierno y unos órganos de poder que influyen en multitud de factores de nuestra vida, más allá de lo que nos podemos imaginar. La Comisión Europea es, quizá, el que tiene una influencia más directa en la vida de los quinientos millones de habitantes de los 27 estados miembros. Hasta en el cuarto de baño de cada una de sus casas llegan los designios de la Comisión, tanto por la calidad del agua que mana de los grifos, por las normas que rigen la seguridad de los muebles y equipamientos sanitarios o por la estricta regulación en cuanto al etiquetado de cosméticos. Y, a partir de ahora, también hasta al precio de las bañeras, lavabos y duchas.

Para entrar en la UE, los países candidatos tienen que aplicar los principios y prácticas del acervo comunitario: conocido en toda la Unión por su nombre en francés, el acquis communautaire es el conjunto de regulaciones que se han ido desarrollando en la Unión durante su medio siglo de existencia y que armonizan la legislación en todos los países miembros. Las categorías del acervo se corresponden, a grandes rasgos, con las áreas de trabajo de la Comisión Europea y de sus veintisiete comisarios, cada uno de ellos elegido por un estado.

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