Consume y Muere

Liquidación de alfombras exclusivas de calidad superior a un precio anormalmente bajo. Es el reclamo que utiliza, entre otras muchas empresas, Carpet Vista, un conocido portal de venta de alfombras por internet, para lograr atraer a más clientes. No es algo inusual y menos ahora con la situación económica que vivimos. Los letreros de liquidación de juguetes y ropa, de cara a la Navidad, prometen descuentos por encima del 50% en los artículos del establecimiento. La crisis ha multiplicado el número de supuestas liquidaciones que no son tales, sino en realidad prácticas que enrarecen la competencia de cara al resto de establecimientos del mismo sector y, por supuesto, van en contra de los intereses del consumidor.

Captura de pantalla de la web de Carpet Vista (pinchar sobre la imagen para ir a la página original)

La razón es que la liquidación es mucho más que una simple campaña intensiva de altos descuentos como suele creer el profano. Su aplicación como herramienta comercial está convenientemente pautada en la normativa que rige el comercio tanto estatal como autonómico. En dicha reglamentación se recoge que las liquidaciones son un recurso que tiene el comerciante cuando se ve obligado a deshacerse del stock acumulado por una serie de razones concretas. “La venta mediante liquidación es de carácter excepcional y puede llevarse a cabo cuando se vaya a producir un cese total o parcial de la actividad, haya un cambio de ramo del comercio o modificacion sustancial de su orientación o cualquier otro supuesto de causa mayor que cree un grave obstáculo al desarrollo de la actividad comercial”, nos explica a través de correo electrónico Manuel García-Izquierdo, presidente de la Confederación Española de Comercio.

No sirven, por tanto, infinidad de argumentos que se suelen ver normalmente en los comercios como excedentes de material, cambio de temporada o partidas no estimadas de mercancía.  Esta es una de las razones por las que, según se recoge en los portales del comerciante de varias comunidades autónomas, la liquidación no puede confundirse con otras figuras comerciales como los saldos o las rebajas. En el caso de las liquidaciones, éstas sólo pueden prolongarse durante un máximo de tres meses o de un año si la razón de su ejecución es por un cese definitivo de negocio. Además, las mercancías no deben tener tara alguna ya que en ese caso estaríamos ante otro supuesto.

Resultan, por tanto, simples cebos comerciales y más si lo que se busca es servirse del efecto psicológico que la liquidación provoca en la mente del consumidor. “Las liquidaciones permanentes están incluidas dentro de la lista negra de prácticas comerciales desleales”, nos explica desde CEACCU el experto Eugenio Ribón. “Se trata de afirmar que un producto solo se haya disponible por circunstancias excepcionales y por un período muy breve de tiempo para incitar al consumidor a comprar con el convencimiento de que verdaderamente es una ocasión única”. Dos meses después, sin embargo, como sucede en el caso de las alfombras y de tantos otros, los “ultimísimos” productos del stock siguen estando igual de disponibles y se comercializan con regularidad.

Pero, ¿cómo tendría que actuar el comercio en cuestión si realmente nos encontráramos ante una verdadera liquidación? Pues según la legislación vigente, el dueño del negocio tendría que haber prevenido antes a las autoridades competentes del ayuntamiento de la localidad en la que se ubica con un mínimo de una semana de antelación. Además, una vez se lleva a cabo la misma, el comercio no podrá volver a ejercer la misma actividad en su misma ubicación en un plazo de tres años, al menos en relación al tipo de productos sobre los que se ha hecho la liquidación. Se trata, por tanto, de un suceso que marca un antes y un después.

Probablemente llegado a este punto, el consumidor se habrá dado cuenta de que  la mayoría de la liquidaciones en las que ha participado como comprador eran engañosas. Para poder reconocerlas hay que tener en cuenta que otra de las obligaciones de la normativa es que el negocio tiene que advertir en sus carteles o anuncios de liquidación de las razones que le han llevado a tomar esta decisión (por traspaso, por cambio de negocio, traslado, etcétera). Además, las liquidaciones solo se pueden llevar a cabo sobre la mercancía y las existencias ya acumulada, así que cualquier nueva adquisición no puede estar sujeta a estos descuentos.

“Las ventas que utilicen la denominación de liquidación y no correspondan a este concepto legal pueden constituir una conducta  desleal según la Ley de Competencia desleal”, explica García-Izquierdo. “La razón es que contienen información falsa u otra que, aún siendo veraz, por su contenido o presentación puede inducir a error a sus destinatarios. Afecta a algunos de los aspectos recogidos en la citada ley como el modo de fijación del precio o la existencia de una ventaja específica con respecto a él”, resume García-Izquierdo. Si además, se da el caso de que la liquidación se promociona y sirve de reclamo publicitario, se estarían violando los artículos 22.3 y 7 de la LCD que se refieren a las promociones engañosas o que tienen que ver con omisiones que pueden llevar a confusión a los consumidores.