Consume y Muere

Portada de 'No clames, reclama', la web de la campaña de CECU y Asgeco

Portada de 'No clames, reclama', la web de la campaña de CECU y Asgeco (www.noclamesreclama.org)

En el día de ayer, mientras comía tranquilamente viendo el telediario, me topé con una noticia que da que pensar y que está relacionada con aquella y con aquella otra que ya os traje hace tiempo: decían en TVE que “los consumidores cada vez hacen más consultas pero reclaman menos“. La afirmación parte de las organizaciones de consumidores Confederación de Consumidores y Usuarios (CECU) y la Asociación General de Consumidores (Asgeco), que han presentado hoy una web con un título bastante ingenioso, “No clames, reclama”.

El caso es que según el vídeo de RTVE, que no puedo traeros porque no permite insertarlo en páginas externas pero que podéis ver aquí, en 2009 los españoles hicimos “más de un millón de consultas por reclamaciones relacionadas con una empresa pero al final pusimos menos de 250.000 reclamaciones”. En los obligados totales (así se llama en la tele a los vídeos con declaraciones de una persona al periodista) de varios ciudadanos, queda claro que la razón principal para no reclamar está en la consideración, muy extendida, de que es un engorro poner una reclamación. También, que los consumidores o usuarios creen que los escritos que dirijan contra las empresas caerán en saco roto. “No vas a llegar a ningún acuerdo, porque te cansan y saben más que nosotros… y a ver qué haces”, dice un resignado ciudadano. Otro continúa con el mismo discurso diciendo que “te acaban mareando, con los papeles para arriba y para abajo. Y sí, al final te dan la razón, pero te cuesta más llegar (…) que lo que te hayan engañado”. O sea, que creemos que no vale la pena pedir una compensación si la cantidad reclamada o el servicio por el que protestamos tiene un valor económico pequeño.

¿Pero esto es así? ¿Es mejor aceptar la derrota o perder tiempo (y, a menudo, dinero) para conseguir lo que creemos que nos corresponde? ¿Es tan difícil poner una reclamación y tener éxito?

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Mi primer contacto con las condiciones laborales de los trabajadores del sector textil fue en 2004: estaba de Erasmus en la Universidad de Ámsterdam y en la asignatura ‘Global political economy’ me di de bruces con la realidad de las trabajadoras latinas de esta industria. Aún hoy recuerdo aquel estudio con el que trabajamos en clase durante semanas, titulado Sweatshops here and there: the garment industry, latinas and labor migrations (Carmen Teresa Whalen, 2002). Podéis ver una versión algo edulcorada pero bastante significativa en la escena de arriba, extraída de la película Las mujeres de verdad tienen curvas dirigida por Patricia Cardoso también en 2002.

Si bien la situación de las protagonistas de la película es la paradigmática en los estudios de género y relaciones laborales, no es ni mucho menos la más extrema. Tras publicar un artículo sobre la banca ética, hace unas semanas recibí un mensaje de Setem, una federación de ONG que ha venido trabajando en la denuncia de diversos sectores económicos en los últimos años. Además de hablarme sobre sus campañas sobre finanzas, también he conocido su campaña ‘Ropa limpia‘.

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Ayer conocimos que Facua había denunciado a la distribuidora de las pulseras Power Balance por publicidad engañosa ya que los anuncios de las pulseras incumplen los principios de la Ley del Medicamento y un decreto sobre publicidad de productos sanitarios. También es objeto de demanda el uso de testimonios de personas famosas para alabar los supuestos beneficios de tales artículos. Varios medios se han hecho eco del tema y algunos, como Público, lo han convertido en una noticia de alcance con publicaciones repetidas en las últimas semanas.

Pues bien, es un caso que no merece más atención hasta que las autoridades reguladoras publiquen su resolución de las denuncias. De todas formas, nos viene al pelo para hablar sobre anuncios que utilizan testimonios para loar las bondades del producto que promocionan. Una de las estrellas es un clásico de la teletienda nocturna: el Jes Extender, un alargador del pene por tracción mecánica. Podéis verlo en Youtube.

Testimonios para promocionar artículos (Captura de pantalla del anuncio)

El anuncio, realizado en forma de publirreportaje con testimonios, glosa las virtudes del alargador mecánico con frases como “Podrá interrumpir su uso durante un tiempo sin afectar al resultado final”. Ningún problema: no es motivo de este artículo analizar si funciona o no el cacharrito. Pero sí me llama mucho la atención la apostilla de la pareja de la foto, perfectamente concordante en la gramática con la narración del locutor. “Tanto es así que tuve que decirle que se lo quitara un poquito porque yo también tengo mis necesidades”, dice la feliz clienta.

Durante todo el reportaje se suceden los testimonios de usuarios (o beneficiarias) absolutamente satisfechos con el aparato en cuestión. El caso es que ninguna de las declaraciones suena convincente, sino forzadas y artificiales, como si los personajes estuvieran siguiendo un hipotético guión. El anuncio ha sido motivo de chanza repetida en muchos blogs, como este o este. Y también en Facebook, donde la pareja de la foto tiene hasta un grupo con el nombre “La creíble pareja del Jess Extender“.

En fin, dejando al lado la eficacia o no del cacharrito (más que nada porque no lo probado y por ello no quiero valorar), ¿qué os parecen los testimonios del anuncio? ¿Está justificado el uso de declaraciones de supuestos clientes para vender más? ¿Estaría bien que se regulara este tipo de anuncios o somos lo suficientemente maduros como consumidores para distinguir los testimonios reales de los dramatizados?