Consume y Muere

(eflon / Flickr)

Cristina R. rebosa de ira cuando explica qué es el swap, (también llamado IRS, clip, bono clip, permuta financiera) un nombre del que hasta hace relativamente poco tiempo había oído hablar sólo de refilón. Como no es fácil definirlo, me dice, prefiere empezar desde el principio. Cuenta que cuando formalizó su hipoteca a finales de 2008 le recomendaron que se hiciera un “seguro” por si los tipos de interés subían demasiado. Lo que, según ella, no le explicaron es que en el caso de que éstos bajaran, sería ella la que tendría que abonar una determinada cantidad a la entidad. “Desde que comencé con mi hipoteca hace ya más de dos años y con la situación actual, he llegado a pagar más de doscientos euros al mes aparte de mi letra mensual”, cuenta esta hipotecada que está barajando la posibilidad de lanzarse a un proceso judicial para recuperar parte de su capital.

No hay que confundir el swap con una cláusula abusiva de las hipotecas”, explica José Ángel Oliván, presidente de la Unión de Consumidores de España (UCE). “Se trata de un producto financiero muy complejo que está especialmente destinado a pequeños empresarios y autónomos, y que va añadido al préstamo o a la hipoteca en sí. Es un acuerdo anexo que establece que los créditos van a estar referenciados a un tipo de interés fijo durante un período de tiempo determinado, independientemente de las variaciones externas”, detalla.

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